No sabes como
duele. No, no lo sabes. No sabes lo que es darte cuenta de que es ella, no tú,
la que lo llena. La que es capaz de hacerle feliz sin proponérselo, la que
entró en su vida sin llamar y sin pedir permiso. La que no tiene ni maldita
idea de la espléndida persona que tiene a su lado. No sabes lo que es que te
digan un "tranquila, no durarán mucho" y tener enquistado en el
corazón un "sé que lo harán". No sabes lo que es sentirte tan
sumamente inútil por no haber conseguido en el triple de tiempo lo que ella
consiguió sin esfuerzo. (¿El triple? Más bien tres veces el triple.) No sabes
lo que es morirte por sus huesos, querer ser la que sale en esas fotos, la que
está en su mente aún cuando sus labios hablan de otras cosas. No sabes lo que
es este deseo tan hondo de respirar su aire,no sabes cómo
duele tenerlo tan cerca y a la vez tan lejos, que eres capaz de imaginar lo que
sería una vida a su lado, pero te ves incapaz de conseguir su felicidad. No
sabes lo que es tener mil razones para odiarle, tener presente todas esas
ocasiones en que te ha decepcionado pero que todo te resulte algo sin
importancia al lado de su sonrisa. No sabes lo que es perdonarle una, otra y
otra vez, sin que él haga nada por disculparse, simplemente porque no puedes
acostumbrarte a pasar un día entero sin palpar esa mirada. No sabes lo que es
sentirte morir cuando la nombra, querer esconderte y no asomar la cabeza en
años porque se te cae el alma al ver lo mucho que le importa. Y sobre todo, no
sabes lo que es seguir a pesar de todo, a las buenas y a las malas, no sabes
cómo duele ser esa que nunca le falla aunque él al dar la vuelta a la esquina
la olvide, se preocupe aún menos de lo que suele por si llora, ríe o no puede
dormir porque no deja de pensar en él