jueves, 13 de junio de 2013

Solemos vivir nuestras vidas de una manera muy apresurada, las obligaciones diarias y los movimientos continuos de la ciudad nos contagian y pocas veces nos detenemos a pensar. Sólo pensar. Sobre el porqué de ciertas cosas. De ciertas presencias. De ciertas personas. Es correcto considerar que debemos vivir el presente y aprovechar cada segundo de nuestras vidas como si fuese el último (y soy la persona más partidaria de ese pensamiento).
Pero muchas veces necesitamos retractarnos unos semanas o meses al pasado para darnos cuenta de cómo nuestras vidas fueron cambiando y tomando una dirección que nunca imaginaríamos.
Y porqué tomaron esa dirección?
                            Porqué dejamos entrar a personas a nuestras vidas?
       Porqué a esa persona?
                       Por qué la perdida de una persona?
                                                       Por qué esa persona?
Lo cierto es que no tenemos ninguna de esas respuestas. Simplemente son consecuencias de algo así llamado destino.  Y el destino es jodido…sí. Nadie puede saber qué pasará con nosotros. Si las personas de hoy en día seguirán a nuestro lado, si simplemente se irán alejando, si nos quedaremos solos  o si nuestra vida dará un giro rotundo de 180° en menos de un año. No…no lo sabemos. Por eso lo único seguro que tenemos es el presente, y somos nosotros los que elegimos como vivirlo y con quienes. Porque cada uno tiene una única vida, pero es completamente suya.
Cada ser humano pensante puede decidir entre cumplir sus sueños o rendirse,  alcanzar sus metas o conformarse con lo fácil.
Ser feliz o no. De eso se trata.

Porque muchas veces creemos que la felicidad es una especie de suerte que solamente les tocó a algunos suertudos. Vayamos aclarando, más bien, que la búsqueda de tú felicidad depende de una persona, y esa persona es nadie más que vos.