Solemos vivir nuestras vidas de una manera muy
apresurada, las obligaciones diarias y los movimientos continuos de la ciudad
nos contagian y pocas veces nos detenemos a pensar. Sólo pensar. Sobre
el porqué de ciertas cosas. De ciertas presencias. De ciertas personas. Es
correcto considerar que debemos vivir el presente y aprovechar cada segundo de
nuestras vidas como si fuese el último (y soy la persona más
partidaria de ese pensamiento).
Pero muchas veces necesitamos retractarnos unos semanas o meses al pasado para
darnos cuenta de cómo nuestras vidas fueron cambiando y tomando una dirección que
nunca imaginaríamos.
Y porqué tomaron esa dirección?
Porqué dejamos entrar a personas
a nuestras vidas?
Porqué a esa persona?
Por qué la perdida de una persona?
Por qué esa persona?
Lo cierto es que no tenemos ninguna de esas
respuestas. Simplemente son consecuencias de algo así llamado destino.
Y el destino es
jodido…sí. Nadie puede saber qué pasará con nosotros. Si las personas de hoy en
día seguirán a nuestro lado, si simplemente se irán alejando, si nos quedaremos
solos o si nuestra vida dará un giro
rotundo de 180° en menos de un año. No…no lo sabemos. Por eso lo único
seguro que tenemos es el presente, y somos nosotros los que elegimos como
vivirlo y con quienes. Porque cada uno tiene una única vida, pero es
completamente suya.
Cada ser humano pensante puede decidir entre cumplir sus sueños o
rendirse, alcanzar sus metas o
conformarse con lo fácil.
Ser feliz o no. De eso se trata.
Porque muchas veces creemos que la felicidad es una
especie de suerte que solamente les tocó a algunos suertudos. Vayamos
aclarando, más bien, que la
búsqueda de tú felicidad depende de una persona, y esa persona es nadie más que
vos.