Pero
también extraño tu llegada y el
sabor a cigarrillo
que tu beso me dejaba, enroscarnos y dormirnos con las sabanas mojadas cuando
aparecía el sol. Extraño el paraíso
de tu cara con los ojos achinados,
la sonrisa desplegada, la melena despeinada, la actitud exagerada y el
sonido de tu voz.