viernes, 30 de diciembre de 2011


Continúo sentada en la misma estación, en el banco de siempre. Me gustaría decir que te extraño tanto sin dificultades para hablar porque hace tanto que no te apareces. Creamos una vida que no pudo realizarse si no hubiéramos intervenido. No se si ya te lo había dicho, pero no quería que te fueras así. En donde sea que estés, quiero que pienses en mí pero no puedo obligarte. Duele; aunque no hagas nada, duele. A medida que pasa el tiempo, te quiero más, y es que duele mirarte y no tenerte. Imaginarte conmigo, sólo imaginarte. Y ya me voy acostumbrando a vivir así. He aprendido a conformarme con eso de “se mira pero no se toca”, y mi toalla ha rozado muchas veces la tierra. Pero con el paso del tiempo, aprendí cuál es el mayor de los errores que cometí: intentar sacarme de la cabeza lo que no sale del corazón. Porque dejé que la vida me adelantase, y no agarré su mano cuando intentaba levantarme y le dije que se marchase. ¿Sabés quién era mi vida? Mi vida era él. Y todavía lo sigue siendo. Que difícil es el hecho de cruzarte y no saludarnos, simplemente somos dos extraños que van en un mismo camino. Hoy al verte se me pasaron miles de cosas por la cabeza, sentí algo raro por dentro imposible de describir. Extraño esa sonrisa tan linda, esas miradas tan provocativas, extraño todo esos momentos que pasamos juntos. Me gustaría volver atrás y arreglar todo lo que paso, porque te juro que hoy más que nunca te necesito a mi lado. Y me aleje mil veces, y cuando regrese te había perdido para siempre Y quise detenerte. Entonces descubrí que ya me mirabas diferente. Me dedique a perderte. Por qué no te llené de mí cuando aun había tiempo. Porque no pude comprender lo que hasta ahora entiendo, que fuiste todo para mí y que yo estaba ciega.