Puede que ahora sea de otra forma, no lo
niego. Pero no tengo la culpa. No me gusta tirar piedras y que sean mis
cristales los que se rompan, ni me gusta intentar abrazar a alguien que sale
corriendo cuando me ve... Siempre
he tenido ganas de susurrarte al oído todo lo que me pasa cuando te veo, pero no me atrevo. Sí, ya ves, puedo
estar haciéndote reír durante horas y cuando se trata de mandar escalofríos me
vuelvo inútil. Las cosas son un poco diferentes. Ya no sé cuando te has cortado el
pelo, ni puedo mirarte de reojo sin que te des cuenta. Ahora no quiero
perseguirte para poder abrazarte de verdad. Bueno, sí que quiero, pero no lo puedo admitir delante de ti. Ahora
solo quiero que pienses que no me importas, aunque
sí que me importas.
