Después de la
despedida, llega la hora de olvidar, no entiendo porque me resulta tan difícil,
sé que nadie dijo jamás que sería fácil, y sé que tengo que empezar otra vez de nuevo,
pero tengo la mala costumbre de
aferrarme a las personas, de quererlas demasiado y llevarme decepciones tras
decepciones. Puede que no te demostrara todos los días que
te quería pero te aseguro lo intente,
intente entenderte, creer en ti, creer
que había alguien que me valoraba detrás de tu arrogancia. Hoy puedo decir que te sigo echando de menos
a pesar de todo, y que recuerdo aquel momento, intento congelar ese
último abrazo, el último beso, esa última frase que retumba en mi cabeza cada
vez que pienso en ti, y así sentirme un poco mejor. Y si, tenías razón,
las despedidas nunca fueron buenas, a pesar de todo lo que nos dijimos, siempre
vas a estar en mis recuerdos más preciados. Gracias por enseñarme tantas cosas
y por ayudarme a madurar.
Gracias por dejarte querer aunque
no hayas sentido lo mismo.