Comencemos por plantearnos lo siguiente.
Somos adolescentes.
Simples adolescentes con una historia ya
escrita y con las mejores pretensiones para nuestro futuro. Pero no olvidemos
lo importante.
Vivir el presente. Aprovechar la mejor
etapa de nuestras vidas que no se repite nunca más.
Y para aprovecharla de la mejor manera, es
importante vivirla locamente. Sí, locamente.
Nada de ponernos mal
por ciertas personas. Nada de llorar por cosas sin sentido. Nada de sacar
conclusiones, de especular situaciones.
Que el destino sea nuestro mejor amigo, junto con los hermanos de la
vida que elegimos para transcurrir este camino.
Simplemente hay que
entender que ciertas cosas pasan porque sí, y nada de vueltas.
Tal vez tendríamos que dejar de pensar tanto
en el “que pasaría” y empezar a
disfrutar el día a día, esos momentos que pasamos con nuestros amigos que son los mejores de la
vida, esos detalles que nos hacen inmensamente
felices.
Carpe diem.
Young, wild and free.