Flasheo, también, que te cruzo cerca de tu casa. Es raro: camino por ahí con esa
sensación de “tranquilamente podríamos encontrarnos ahora mismo”. Pero nunca
pasa. Es tan factible, que no sucede. A veces termino pensando que hay más
probabilidades de que te vea en La Quiaca aunque ninguno de los dos vaya a ir
nunca. Más de una vez forzamos “encuentros casuales” y terminaron sin darse.
Supongo que nada de todas las cosas que pueden unirnos son suficientemente
fuertes como para lograrlo. No tenemos ganas, ya. El
destino parece decirnos a gritos que no tenemos nada que ver. A la casualidad no le pinta, tampoco, ni siquiera como
para marearnos un poco. Ni siquiera nuestro instinto, el más
animal (Que fue lo último que compartimos y lo primero que nos traicionó desde
nuestro “chau para siempre”) Flasheo que te cruzo, supongo, porque me olvidé de vos, no en el sentido épico
“ya no te amo” sino que no me acuerdo de tu manera de hablar, de moverte, de reírte, de enojarte. Y menos que menos tu modo de hablarme,
moverme, hacerme reír y enojarte conmigo. No
me preocupa, solo me inquieta. Creo.
