No quiero seguirte mirando a los ojos y ver que
no estás. No me duele aceptarlo, me duele que mientas, ya sé
que te vas. Eres
mi destrucción, pero me vuelvo ciega. Fue
suficiente ver como con el pasar de los días mostrabas tan poco interés en mi para
darme cuenta que lo nuestro no era un cuento de hadas. Mi
mente congelada de tanto pensar en encontrar
una respuesta que me haga volver a confiar, en
tus palabras, en tu mirada. Mejor
no digas nada, las palabras se las lleva el viento, desaparecen en el tiempo. Ya es historia lo que pasó entre los dos. Sólo
quiero que te acuerdes de todo, de todo lo que vivimos, no quiero que me olvides.
Conmigo lo tendrías todo, todo te lo había dado. De mi ni te mereces el aire
que respiro cuándo lloro. Hoy te pesa el ego más que la mentira. Aunque no sea cierto, no te
quiero más.