sábado, 23 de marzo de 2013


Admito que tu mirada me hacía sentir extraña. Estábamos solos, era nuestro momento, lo sentía así. Luego de una larga charla quisimos caminar, aceptando que mis pasos sigan los tuyos, y viceversa. Mirando de vez en cuando hacia mi izquierda, -sí, me creerás una loca, pero lo recuerdo perfectamente- ¿Qué más podríamos hacer más que charlar? Claro! Abrazarnos y dejar que nuestros labios se conozcan, tímidamente  una y otra vez. Me dejaste sentir tu aroma, pero no necesitabas permiso para sentir el mío.