Cuando
creemos que nada puede ir peor y que las cosas no tienen solución, conviene
salir un poco para mirar desde fuera. No nos damos cuenta de lo insignificantes que son
nuestros problemas hasta que vemos los verdaderos problemas que tienen otros. Tenemos que
aprender a apreciar los pequeños
detalles
que nos manda la vida, esas pequeñas cosas que nos arrancan sonrisas,
aferrarnos a las personas que nos hagan felices y dejar a un lado a aquellas
que solo nos sacan lágrimas. Y recuerda, nunca es tarde para sonreír! Puede
que la vida no sea la fiesta que deseamos; pero mientras estemos en
ella deberíamos bailar.
