Me cuesta todavía creer que los caminos que juntan a
las personas pueden separarse tan abruptamente. Me he quedado esperando
que se desaparezcan estas ganas de
escribir(te) para por lo menos quedarme con el recuerdo intacto y
estar segura de que fue real. De que lo vivimos, los dos. Espero que no te
moleste saber que no vas a irte de mi vida, aunque yo si
desaparezca de la tuya. Me gusta
soñar, pero el sueño no me permite disuadir entre lo que realmente sucede o lo
que yo desearía que fuera. Por eso hay que dejar que las cosas sigan su curso,
si esto es lo que deseas, lo respeto. Ya no duele tanto, en otras palabras, ya
no lo pienso lo suficiente sobre el asunto, no me cuestiono. Pensar en las cosas que duelen, hace que duelan el
doble del dolor real. No voy a
maquinarme, no voy a permitir que esta historia muera pero tampoco que viva.
Siempre fuimos ese punto medio, ni acá ni allá, no somos como todos los demás,
ni juntos ni separados. Se que estas
bien, y si no lo estás espero que mejores. Creo que ya no poseo los derechos para saber ni
preguntar. No hace falta que me expliques, me dolería demasiado, quédate con la historia, guárdala, escríbela y
cuando la leas, cuéntame si puedes entender que sucedió realmente porque
acá de alguna manera, todo se ha marchitado. No necesito tenerte para quererte porque no estaría
reteniendo un recuerdo, sino, un sentimiento, que late, que llora y sonríe. Veo
a través de tu alma y eso, ni tu decisión ni la mía puede cambiarlo. Te
veo cuando sos invisible para todo el mundo, menos para mí, y eso no tiene
precio ni tiempo. No digo que sea eterno, quien dijo que todo tiene que ser o
no ser. No todo tiene una manera que define el rumbo y el camino. Todo puede
morir con las agujas del reloj pero uno no puede morir siempre por un amor, no nos podemos dar el lujo de querer a una persona
tanto o igual que la otra porque amar no es querer y querer no es dar.