miércoles, 30 de mayo de 2012


No es nada fácil resumir trescientos sesenta y cinco días para definir lo que siento hoy. Podría decir que hace exactamente un año atrás, alguien llegó y cambió mi vida en cierta forma,  pero mentiría porque la verdad, es que aun hoy, sea  como sea, lo sigue haciendo. Quizás no de la misma manera, por motivos de distanciamientos, pero puedo asegurar que sigue siendo igual de importante. Pude darme cuenta que su humor influía por sobre el mío, que sus risas eran las mías y que era (o es) especial como muy pocos. No lo niego, por momentos me gustaría quererlo menos y no depender tanto de él para sentirme bien, pero es inevitable. Quiera o no, inconscientemente, una parte de mi cabeza está ocupándose de él de manera constante. Es como si una fracción de mi cerebro hubiera quedado latente, para sólo pensar en él. Otra cosa aun más sorprenderte es lo que me sucede cuando me siento triste y llena de problemas, porque me alcanza con pensar en algo que compartimos para sonreír y cambiar de pensamientos. Sin embargo, hay algo que quisiera hacer en este mismo instante. Me gustaría volver el tiempo atrás, no por arrepentimientos, sino para tener la oportunidad de vivir otra vez lo que sentí al conocerte, o al ir queriéndote cada día un poco más hasta llegar a darme cuenta de que te habías vuelto irreemplazable. Desde un primer momento supe que éramos diferentes y eso fue lo que más me gusto de todo. Tengo que agradecerte por enseñarme ciertas cosas, tanto buenas como malas. Pero debo volver a la realidad luego de unos minutos y caer en la cuenta de que ya no estás ahí, para sacarme una sonrisa todos los días, y eso es lo que me pone tan mal. Lo único que me queda por decir es que no me arrepiento del tiempo que compartí con vos, y esté con quien esté, ame a quien ame, siempre voy a recordarte como esa persona que me hizo bien mucho tiempo y que nunca voy a olvidar. “Si todo vuelve cuando mas lo precisas, nos veremos otra vez” Te quiero.