No es nada fácil resumir trescientos sesenta y cinco días para definir
lo que siento hoy. Podría decir que hace exactamente un año atrás, alguien llegó y cambió mi vida en cierta forma, pero mentiría porque la verdad, es que aun hoy,
sea como sea, lo sigue haciendo.
Quizás no de la misma manera, por motivos de distanciamientos, pero puedo
asegurar que sigue siendo igual de importante. Pude darme cuenta que su humor
influía por sobre el mío, que sus risas eran las mías y que era (o es) especial
como muy pocos. No lo niego, por momentos me gustaría quererlo menos y no
depender tanto de él para sentirme bien, pero es inevitable. Quiera o no,
inconscientemente, una parte de mi cabeza está ocupándose de él de manera
constante. Es como si una fracción de
mi cerebro hubiera quedado latente, para sólo pensar en él. Otra cosa aun
más sorprenderte es lo que me sucede cuando me siento triste y llena de
problemas, porque me alcanza con pensar en algo que
compartimos para sonreír y cambiar de pensamientos. Sin embargo, hay
algo que quisiera hacer en este mismo instante. Me gustaría volver el tiempo atrás, no por arrepentimientos, sino para
tener la oportunidad de vivir otra vez lo que sentí al conocerte, o al ir
queriéndote cada día un poco más hasta llegar a darme cuenta de que te habías
vuelto irreemplazable. Desde un primer momento supe que éramos diferentes
y eso fue lo que más me gusto de todo. Tengo que agradecerte por enseñarme
ciertas cosas, tanto buenas como malas. Pero debo volver a la realidad luego de
unos minutos y caer en la cuenta de que ya no estás ahí, para sacarme una sonrisa todos los días, y eso es lo que me pone tan
mal. Lo único que me queda por decir es que no me arrepiento del tiempo que
compartí con vos, y esté con quien esté, ame a quien ame, siempre voy a
recordarte como esa persona que me hizo bien mucho tiempo y que nunca voy a
olvidar. “Si todo vuelve cuando mas lo precisas,
nos veremos otra vez” Te quiero.
